If it is, I was born a crack-baby. I was born craving the bubbly. I was one of those Mexican-American babies with that fizzling dark liquid in their bottle you shake your head at. I grew up on Coca-Cola. It accompanied breakfast, lunch and dinner. No joke, I used to drink a two-liter bottle… per day.
Think that’s funny?
I was a shitty big brother to my sibling eight years my junior, which is normal. Let me tell you what’s not. One time when he pissed me off, I made him drink water and he threw up everywhere. What’s more sickening? The act I committed against my brother or the fact that his body rejected one of the most important elements of the human body, because it was so foreign to him.
I rose up from tough circumstances and persevered. Today, I have everything a man could want – toys, beautiful women who keep me company at home and at work, clothes, a daughter who speaks multiple languages and is faster than a grown man, a car that’s faster than yours, 11th floor view from the living room, you name it – I got it. One of the greatest things I have is control over is my life. I do what I want, when I want.
Si lo es, yo nací adicto. Nací ansiando el sabor burbujeante. Yo fui uno de esos niños Mexicano-americanos que le hacen menear la cabeza con desaprobación al verlos con el biberón lleno del líquido negro y burbujeante. Me crié con Coca Cola. Con Coca Cola acompañaba el desayuno, la comida y la cena. No es broma. Diariamente consumía una botella de dos litros.
Cree que es gracioso?
Era muy malo con mi hermanito que es ocho años menor que yo, cosa que es muy normal. Pero déjeme decirle lo que no es normal. Una vez que me hizo enojar, le hice tomar agua hasta que se vomitó. Qué es más deprimente? Lo que yo le hice a mi hermano, o el hecho que su cuerpo rechazó uno de los más importantes elementos del cuerpo humano, porque le era extraño.
Yo me levanté a pesar de las circunstancias adversas, porque persistí. En la actualidad, tengo todo lo que un hombre podría desear – juguetes, mujeres hermosas que me acompañan en la casa y el trabajo, ropa, una hija que habla muchos idiomas y es más audaz que cualquier hombre maduro, un coche más rápido que el suyo, vivo en el onceavo piso y desde mi sala disfruto de una hermosa vista panorámica; todo lo que se pueda imaginar – lo tengo. Y lo mejor de todo es que tengo control de mi vida. Hago lo que quiero, cuando quiero.
Or is that a bunch of bullshit? Do I have the swagger of a Prom King or am I really the Prom Feen? One thing I want to do is kick Coca-Cola, but I can’t. I’ve tried over and over and I break after two weeks. Hands shaking, migraines, mood swings, you name it. I go from walking with a big stick to standing on the corner like a drug-craving hooker looking for her next trick. I always end up pouring that sweetness over a tall glass of ice and when it hits my body, it feels like my veins are having an orgasm.
After the bliss, I look down and see 40 pounds that aren’t supposed to be there. I’m sitting in a doctor’s office and my doctor tells me my liver is shit. I’m overweight and I can kiss all the shit I bragged about earlier goodbye because I won’t live long enough to enjoy any of it. He says if I stop drinking soda, I’ll lose a pound per week. Wait, that’s just a flashback. That was four years ago.
I’m back in my doctor’s office in 2010, 20 pounds heavier since 2006, and he’s spitting the same lines to me again. Later, I’m sitting in a movie theatre and I’m watching a commercial of a guy walking through a crowd singing and every person he’s ever known is smiling at him and patting him on the shoulder. He’s drinking Coca-Cola. It’s because of Coke that he’s so loved and so happy.
I’m on a plane to New York, flying first class and sipping on Jack Daniels and Coke, and I’m reading an article about an advertising agency executive who is dissecting the way corporate America owns vital life concepts, like happiness, convenience and family and attaches products to them so that you buy them to think you have happiness, convenience and family.
I’m looking down and I’m feeling relaxed. The Jack’s taking effect. It’s kicking in. But I snap out of it and I become confused. Am I buzzing because of the Jack… or is it the Coke?
My mind’s playing tricks on me. I wish I were addicted to crack. At least they have rehab available for that addiction.
The opinions expressed in this commentary are solely those of Rolando Rodriguez.
Rolando Rodriguez is the managing editor of RedBrownandBlue.com. He is also a contributing writer for the Houston Press covering the Latino hip-hop emergence. Rolando writes for CATALINA magazine in New York. He is originally from Richmond, TX.
Será cierto, o son puras habladurías? Soy el Rey del Baile o el Bufón del Baile? Deseo fervientemente sacudirme el hábito de la Coca Cola, pero no puedo hacerlo. Lo he intentado una y otra vez, y me doy por vencido después de solo dos semanas. Me tiemblan las manos, me dan migrañas, me pongo de mal humor; cualquier malestar que se le ocurra, lo padezco. De ser una persona enérgica me convierto en una prostituta adicta buscando clientes en la esquina. Y siempre termino vertiendo esa dulzura sobre un vaso enorme lleno de hielo y cuando me cae al cuerpo, siento como si mis venas tuviesen un orgasmo.
Después de la dicha de beberla, me veo y me doy cuenta que hay 40 libras que no deberían estar ahí. Estoy sentado en el consultorio del médico y este me dice que tengo el hígado destrozado. Tengo sobrepeso y puedo irme despidiendo de todo lo que presumí antes porque no voy a vivir lo suficiente para disfrutarlo. El médico dice que si dejo de tomar sodas, puedo perder una libra por semana. Pero no, no es cierto. Estoy reviviendo el pasado. Eso fue hace cuatro años. Estoy otra vez en el consultorio del doctor pero ahora es 2010, peso 20 libras más de las que pesaba en 2006 y él me está diciendo lo mismo otra vez. Mas tarde estoy en el cine y veo un comercial que muestra un tipo caminando entre una multitud y cantando, y todas las personas que él ha conocido en su vida le sonríen y le palmean la espalda. Está tomando Coca Cola. Es gracias a la Coca Cola que es tan feliz y tan popular!
Me encuentro en un avión, volando hacia Nueva York en primera clase, tomando Jack Daniels con Coca y leyendo un artículo acerca de un ejecutivo de una agencia de publicidad que analiza la forma en que las corporaciones se apoderan de los conceptos vitales como la felicidad, la comodidad y la familia y les adhieren productos para que cuando usted los compre piense que posee felicidad, comodidad y una familia. Yo me siento muuuy tranquilo y ecuánime. El Jack Daniels empieza a hacer efecto; ya lo siento. Pero de pronto reacciono y me siento confuso. Me siento mareado por el Jack Daniels. . . . o por la Coca? La mente me traiciona.
Quisiera mejor ser adicto al crack. Al menos para esa adicción hay clínicas de rehabilitación.
Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las de Rolando Rodriguez.
Rolando Rodriguez es el jefe de redacción de RedBrownandBlue.com. Él también es un escritor que contribuye para la prensa de Houston que abarca el surgimiento Latino Hip-hop. Rolando escribe para la revista CATALINA en Nueva York. Es originario de Richmond, TX.