
Nearly two years ago, then-candidate Hillary Clinton warned of the dangers of America’s dependence on Chinese investors. On March 1, 2007 she told CNBC that America was undergoing “a slow erosion of our own economic sovereignty.” In a letter the same week to Treasury Secretary Henry Paulson and Federal Reserve chairman Ben Bernanke, Clinton also stated that a stock market sell-off at the time underscored “the exposure of our economy to economic developments in countries like China. As we have been running trade and budget deficits, they have been buying our debt and in essence becoming our banker.” Even then, Clinton rued the difficulty in “getting tough on China” to protect American manufacturing jobs, asking rhetorically: “How do you get tough on your banker?”
And now we begin to find out, right? Secretary Clinton’s first foreign trip is not to the Middle East, where we wage two wars. It’s not the traditional European debut tour conducted by all previous Secretaries of State as an homage to our longstanding allies. It’s not to Latin America, where our troubled neighbors face escalating drug-related crime and hemorrhage citizens, sparking our own endless immigration debate. No, Clinton is headed to China, to meet with our banker.
That America has become beholden to China for our economic survival is a manifestation of the fact our nation’s leaders have been asleep at the wheel for decades. It is also a reflection of the ambiguity and confusion we face in determining our direction for the future. Why such strong words? Well, our own chief diplomat said it herself: we are losing our economic sovereignty to another country. That’s bad enough in and of itself. But as if that weren’t enough to cast fear and urgency into our collective heart, we’re losing that economic sovereignty to a nation with an abysmal human rights record, a place where gender rights are a joke, a country where democracy is scorned and brushed aside (look at Taiwan) in favor of single-party totalitarianism, where economic might is leveraged to gloss over all of these shortcomings, and where Communism, not Capitalism, is revered. And we thought we’d won that war, the Cold War, right? Hmm, when you win a war, you’re supposed to keep your sovereignty, right?
So now that our economy is in tatters, do we wonder if then-candidate, now-Madame Secretary Clinton is headed to China to get tough on our banker? Or do we suspect she’s arriving hat in hand? Will she be negotiating human rights and environmental accords or loan extensions? Today they’ll give us more rope. But what will they do when we hang ourselves with it?
In my opinion, the most pressing matter in America’s mind should not be partisan bickering over the details of a stimulus package too small to float our sinking ship; it should be the development of a long-term vision to end our dependence not just on foreign oil, but on foreign investment to shore up our underproducing, overconsuming culture. America needs a swift kick in the pants. Right now it’s coming in the form of a recession. If we don’t change our ways, tomorrow it will come from a crouching tiger, hidden dragon. Hopefully, today’s woes will wake us up and get us thinking and working towards a future where we can stay true to our ideals without worrying about our banker calling our economic notes to the detriment of our political and philosophical agenda.
Reversing our fortunes begins – not with getting tough on our banker, but – with getting tough on ourselves. What do we want more? Our ideals and self-respect, a chance at truly reclaiming some semblance of moral integrity in the global arena, or more cheap products from China purchased at Wal-Mart with borrowed money? What does our nation’s fortune cookie hold? And wouldn’t we rather be the authors of our own fate?
Hace aproximadamente dos años, la entonces candidato a la presidencia, Hillary Clinton, advirtió acerca de los peligros que enfrentaba nuestro país a causa de la excesiva dependencia en los inversionistas chinos. El 1º de Marzo de 2007, ella declaró a la cadena CNBC que América estaba sufriendo una “lenta erosión de nuestra propia soberanía económica”. En una carta dirigida esa misma semana al Secretario de la Tesorería Henry Paulson y al Presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, Clinton aseveró que la liquidación que en ese momento experimentaba la bolsa de valores era una clara muestra de “el impacto que tienen en nuestra economía las evoluciones de las economías de países como China. A medida que nosotros hemos permitido que se incrementen los déficits comerciales y presupuestales, ellos han estado comprando nuestra deuda y en esencia se han convertido en nuestro banquero.” Y ya entonces, Clinton reconocía lo difícil que sería “adoptar una postura enérgica con China” para proteger los empleos de manufactura en nuestro país, y planteaba la pregunta retórica: “Cómo se adopta una postura enérgica con el propio banquero?”
Y ahora estamos empezando a averiguarlo, verdad? El primer viaje de la Secretaria Clinton al extranjero no es al Medio Oriente, donde actualmente estamos involucrados en dos guerras. No es el recorrido por Europa que tradicionalmente han efectuado todos los anteriores Secretarios de Estado como homenaje a nuestros aliados de siempre. No es a América Latina, donde nuestros atribulados vecinos enfrentan una escalada de crímenes relacionados al narcotráfico y se desangran de sus ciudadanos, lo que a su vez enciende nuestro propio e interminable debate sobre inmigración. No, Clinton se dirige a China, a reunirse con nuestro banquero.
Que América tenga que depender de China para nuestra supervivencia económica es resultado del hecho que los líderes de nuestra nación llevan décadas dormidos ante el volante. Es asimismo un reflejo de la ambigüedad y confusión que enfrentamos al tratar de determinar nuestro rumbo para el futuro. Porqué un lenguaje tan fuerte? En palabras de nuestro propio diplomático de más alto rango: estamos perdiendo nuestra soberanía económica a otro país. Eso ya de por sí es muy malo. Pero por si eso no fuese suficiente para infundirnos temor, estamos perdiendo esa soberanía económica a una nación cuyo historial de derechos humanos es pésimo, donde la igualdad de derechos para ambos sexos es un chiste, donde la democracia es menospreciada (si no, vea lo que pasó a Taiwan) y se hace a un lado a favor del totalitarismo de un partido único, donde el poder económico es utilizado para encubrir todas estas fallas y donde el Comunismo es reverenciado por encima del Capitalismo. Y nosotros que pensábamos que habíamos ganado la Guerra Fría, lo recuerda? Pero, cuando se gana una guerra, se conserva la soberanía, o no?
Así que ahora que nuestra economía está hecha girones, podemos pensar que la otrora candidato, ahora Secretaria de Estado, va a China a adoptar una postura enérgica con nuestro banquero? No será que va a llegar pidiendo limosna? Estará negociando acuerdos ambientales y de derechos humanos, o solicitando extensiones a los créditos? Hoy nos darán más cuerda, pero qué harán cuando nos hayamos colgado con ella?
En mi opinión, el asunto primordial en la mente colectiva de nuestro país no debería ser la disputa partidista sobre los detalles de un paquete de estímulo demasiado reducido para evitar que nuestro barco se hunda; debería ser el desarrollo de una visión de largo alcance que ponga fin no solo a nuestra dependencia del petróleo extranjero, sino a la inversión extranjera, para apuntalar nuestra cultura de baja producción y consumismo excesivo. América necesita una patada en el trasero. Actualmente, la recibe en la forma de una recesión, pero si no cambiamos, mañana la patada vendrá en la forma de un tigre agazapado, un dragón escondido. Esperemos que las tribulaciones actuales nos hagan despertar, nos pongan a pensar y a trabajar para construir un futuro en el que podamos seguir siendo fieles a nuestros ideales sin tener que preocuparnos de que nuestro banquero nos cobre la factura para detrimento de nuestra agenda política y filosófica.
El giro de nuestra fortuna no empezará con adoptar una postura enérgica con nuestro banquero – iniciará cuando adoptemos una postura enérgica con nosotros mismos. Qué dice nuestra galletita de la suerte: Nuestros ideales y amor propio, la oportunidad de realmente recuperar la semblanza de integridad moral en el ámbito mundial, o más productos baratos fabricados en China y comprados en Wal-Mart con dinero prestado? No sería mejor ser los autores de nuestro propio destino?