
The Blue Dogs are identified by their conservative tendencies. And holding on to those tendencies, the Blue Dogs exhibit a partisan trend: reluctance to reason.
There are instances where followers of both of the major political institutions in our country sway from red to blue and vice versa; it is then that the boundary fades, often due to convenience more than conviction, and this is the case of the Blue Dogs who – although certainly members of the Democratic Party – act more like Republicans.
For those still learning the terminology, the Blue Dogs are a group of legislators who, although registered Democrats, are as conservative as most Republicans.
My friend and historian, Beto Calderón, tells me the Blue Dogs are members of a caucus that was formed in December 1994.
Another friend, Humberto Caspa, a professor of political science, explains: “It is a political coalition from the Democratic side of the aisle. It was formed 15 years ago and is today 51 members strong. They insist they are moderate Democrats, but they are really conservative on social and economic issues. They are not in agreement with Barack Obama´s policies; many of them do not agree with the healthcare reform he proposes. We could say they are the “Reagan Democrats” in Congress. A more extensive explanation is being broadcast by the media during this period of pro and con discussions. It´s been said that these are Democrats that gained previously traditional Republican seats thanks to the havoc created by the Bush administration and its lack of popularity; however, their ideology on abortion or the right to bear arms is very close to the Republican position. They are also opposed to an increase in taxes or public spending, and this is precisely how the Blue Dogs can be identified on the issue of healthcare reform.
Obama hoped the healthcare reform would be approved before the recess on August 8th, but that did not happen and the issue was postponed until September.
During this deadlock, the Blue Dogs left their demand on the table: a reduction in the cost of the proposed reform and a guarantee that Obama will not force a particular plan on the public.
It would appear the scales are tipping in favor of the opponents to healthcare reform, that is, the majority of Republicans and a handful of Blue Dogs. The postponement of the vote could be interpreted as a victory, but we cannot discount the fact that Obama is not the type of politician who will take a wait-and-see attitude.
He has increasingly spent time explaining and clarifying his proposal for healthcare reform and pushing for it, much as if he were campaigning. In effect, his actions and speeches are a campaign for healthcare reform. Hopefully we´ll see him acting the same way when it´s time to debate immigration reform.
The president is putting forth the same proposal he had mentioned prior to his election, a reform that will protect the public against unfair practices from insurance companies and provide affordable health insurance. It remains to be seen whether the public will understand it as such and send a message to their elected representatives. There is, after all, no better lobby than the voice of the people. Most Democratic legislators are doing their job and showing their support by explaining the proposed reform to their constituents.
The president assures the public that health care providers have already agreed to reduce costs and that pharmaceutical companies have agreed to reduce prices for seniors. Under his reform plan, 46 million people who do not have medical insurance today would be protected and coverage would be extended.
Republicans hope they can defeat the president and obtain their first victory in the Obama era, then continue to build on that victory to invalidate the moves and political advances of the one who threw them out of office.
And they have certainly stirred up a hornets´ nest.
It would not hurt for the Democrats in Congress to mediate with those who will stir the nest each time there is a possibility of important change offered by President Obama. After all, during key and decisive moments in history, blue should remain blue at all cost.
For now though, it seems the real motivation of the recalcitrant blues is fear of change; they want to “let sleeping dogs lie”.
In response, Obama might well quote the famous words of Don Quixote: “The dogs are barking (Kathleen), we must be moving forward.”
The opinions expressed in this commentary are solely those of Raul Caballero.
Raúl Caballero is the Managing Editor of Diario La Estrella.
La tendencia conservadora es el signo de identidad de los Perros Azules y, al aferrarse a su tendencia quienes así se identifican, exhiben una reticencia ajena a la razón… partidista.
Hay partidarios de las dos grandes instituciones políticas de este país que, en ciertos momentos cruciales, se entrecruzan del rojo al azul y viceversa; es cuando se pierde la línea divisoria, muchas veces más por conveniencia que por convicción, y aquí señalamos el caso de los Perros Azules que pertenecen, ciertamente, al Partido Demócrata pero actúan como republicanos.
Son un puñado de legisladores -si bien demócratas- tan conservadores como casi todos los republicanos.
Los Perros Azules son miembros de un caucus que surgió en diciembre de 1994, me cuenta el amigo historiador Beto Calderón. Por su parte otro amigo, el profesor de ciencias políticas Humberto Caspa, me explica: “Es una coalición política de la bancada demócrata. Se inició hace 15 años y hoy tiene 51 miembros. Insisten que son demócratas moderados y centristas, pero en realidad son consevadores en temas sociales y económicos. No son tan partidarios de las políticas de Barack Obama, muchos de ellos no están de acuerdo con la reforma de salud que él propone. Podemos decir que son ‘los Reagan demócratas’ de la Cámara de Representantes”.
Y una explicación más amplia se difunde en los medios en estas semanas de estira y afloja en torno al asunto de la reforma de salud. Se ha destacado por ejemplo que son demócratas que gracias a los estropicios o la impopularidad de la Administración Bush, ganaron en sitios tradicionalmente republicanos, pero sin embargo su ideología en temas como el aborto o el derecho a la posesión de armas se sostiene hombro con hombro con la postura republicana; asimismo son reacios al aumento de los impuestos o al incremento del gasto público y es en esto, precisamente, donde aparece en escena la identidad de los Perros Azules en lo de la reforma de salud.
En el impasse los Perros Azules dejaron sobre la mesa su exigencia: una reducción de los costos de la reforma propuesta y garantías para que Obama no imponga un plan a los derechohabientes. La balanza pareciera inclinarse a favor de los opositores de la reforma, es decir el grueso de republicanos y el puñado de Perros Azules, pues no votar antes del receso puede leerse como una batalla ganada, sin embargo Obama es un político que no suele sentarse a esperar que las cosas pasen. Volvió de la Cumbre de Guadalajara y se ha dedicado a impulsar, aclarar, volver a explicar su propuesta de modificación del sistema de salud, tal y como si estuviera en campaña electoral… y de alguna cierta manera sus acciones y discursos sí son una campaña, una campaña pro reforma de salud (ojalá así lo veamos cuando llegue el momento de la reforma migratoria). El presidente expone lo que ya había dicho antes de ganar la Casa Blanca, una reforma que protegerá a la población contra prácticas injustas de las aseguradoras y ofrecerá seguro costeable para todos. Falta desde luego que el pueblo que así lo entienda le pase el mensaje a sus legisladores, no hay mejor lobby que el que hace directamente la población; los legisladores demócratas por su lado están haciendo la tarea, también recorren las sedes de sus huestes respaldando (y explicando) la propuesta reforma.
El presidente asegura (repite) que los proveedores de cuidados a la salud ya aceptaron reducir costos y que las compañías farmacéuticas ya acordaron rebajar los precios para las personas mayores. Bajo su plan de reforma se lograría lo que hoy no existe: proveer de seguro médico a 46 millones que no lo tienen y ampliar las coberturas de servicio.
Los republicanos esperan ganarle una al presidente, hacer la primera de las suyas en la Era Obama, y tratar de iniciar así una escalada con la que intentarían desvirtuar las movidas y avances políticos de quien los desbancó del poder.
Y sí han movido el avispero.
Las peroratas de los habituales locutores ultra conservadores, que azuzan a una audiencia compuesta por la más diversa fauna de republicanos recalcitrantes para decir lo menos, junto a las andanadas de miembros notables de ese partido que ven en el bloqueo de esa reforma su oportunidad para comenzar el golpeteo al hombre que los derrotó y los dejó en la lona, rumiando resentimientos de una derrota que se empecinan (todavía) en no reconocer, le dan forma a una reacción que será cada vez más agresiva, más nutrida y que estará presente durante los años que Obama permanezca en la Casa Blanca.
Por otra parte la ferocidad de los Perros Azules, como suele ocurrir en casos así, es en el fondo miedo de que el gobierno vaya a asumir el control (con grandes costos) de la atención médica, pero el presidente y su secretaria de Salud y Servicios Humanos, Kathleen Sebelius, enfatizan una y otra vez todo lo contrario. No estaría de más que los demócratas en el Congreso sepan mediar (domesticar: volver estable en la Casa) con quienes darán la nota cada vez que asome un cambio trascendente como el que promete esta reforma y no pocas de las intenciones del presidente. En los momentos bisagra de la historia el azul debe permanecer azul a toda costa.
Por ahora nos parece que la motivación de fondo de los renuentes azules, es la del opositor a los cambios, acaso por creer el escrupuloso refrán que reza: más vale malo por conocido…
Hoy por hoy Obama podría decir esa frase atribuida al Quijote: “Ladran los perros (Kathleen), señal de que avanzamos”.
Raúl Caballero es el Director Editorial del Diario La Estrella.